Cómo prevenir las úlceras por presión (escaras)

Blog Actualizado 10 de julio de 2026 · Consejos y cuidados

Prevenir las úlceras por presión (escaras) consiste sobre todo en redistribuir la presión con cambios posturales frecuentes, cuidar la piel, usar superficies de alivio (cojines y colchones antiescaras) y mantener una buena alimentación e hidratación. Actuar a tiempo, antes de que aparezca la primera lesión, es la mejor protección para las personas con movilidad reducida.

Qué son las úlceras por presión y por qué aparecen

Las úlceras por presión, también llamadas escaras o úlceras por decúbito, son lesiones de la piel y del tejido que hay debajo. Se producen cuando una zona del cuerpo soporta presión mantenida durante demasiado tiempo, casi siempre sobre una prominencia ósea. Esa presión reduce el riego sanguíneo de la zona y, si no se alivia, el tejido empieza a dañarse.

El riesgo aumenta en personas que pasan muchas horas en cama o en silla de ruedas, con poca movilidad, tras una operación, con enfermedades que afectan a la sensibilidad o la circulación, o en situaciones de desnutrición. La fricción (arrastrar la piel al mover a la persona) y la humedad continua (sudor, incontinencia) también contribuyen a que la piel sea más frágil.

La buena noticia es que la mayoría de estas lesiones se pueden prevenir con cuidados constantes. La prevención no depende de un solo gesto, sino de la combinación de varias medidas aplicadas cada día.

Zonas de riesgo

Conviene revisar con atención las zonas donde el hueso queda cerca de la piel, porque son las que más presión concentran. Las más habituales son:

  • Sacro y coxis (parte baja de la espalda), muy expuestos al estar tumbado boca arriba o sentado.
  • Talones y tobillos, especialmente en personas encamadas.
  • Caderas, al estar tumbado de lado.
  • Codos, omóplatos y nuca.
  • Isquiones (los huesos sobre los que nos sentamos), clave en usuarios de silla de ruedas.

Al inspeccionar la piel, hay que fijarse en enrojecimientos que no desaparecen al retirar la presión, cambios de color, endurecimientos, hinchazón, calor o dolor en la zona. Detectar pronto estas señales permite reforzar los cuidados antes de que la piel se rompa.

Cambios posturales: la medida más importante

Cambiar de posición de forma regular es probablemente la medida preventiva más eficaz, porque reparte la presión y da tiempo a que el tejido se recupere. Como orientación general, en personas encamadas se recomienda cambiar la postura aproximadamente cada 2-3 horas, y en personas sentadas con más frecuencia, ya que la presión se concentra en una superficie menor.

Algunas recomendaciones prácticas:

  • Alternar posiciones: boca arriba, de lado (sin apoyar directamente sobre la cadera, mejor en un ligero ángulo) y, si es posible, semisentado.
  • Usar almohadas o cuñas para separar rodillas y tobillos y para mantener las posturas cómodas.
  • Aliviar los talones, elevándolos ligeramente con una almohada bajo las pantorrillas para que no apoyen del todo.
  • Evitar arrastrar a la persona al moverla: levantarla con ayuda o con entremetidas para reducir la fricción.
  • No mantener el cabecero de la cama demasiado elevado más tiempo del necesario, ya que favorece el deslizamiento y la presión sobre el sacro.

Higiene y cuidado de la piel

Una piel limpia, seca e hidratada resiste mejor la presión. Recomendaciones básicas de cuidado diario:

  • Lavar la piel con agua templada y jabones suaves, secando sin frotar, con toques delicados, sobre todo en pliegues.
  • Hidratar con crema para mantener la piel elástica, evitando masajear con fuerza las prominencias óseas enrojecidas.
  • Controlar la humedad: cambiar pronto empapadores o ropa húmeda por sudor o incontinencia, y usar protectores cutáneos si es necesario.
  • Mantener las sábanas limpias, secas y sin arrugas ni migas, porque cualquier pliegue añade presión.
  • Vigilar que la ropa y el calzado no aprieten ni marquen.

Superficies de alivio de presión: cojines y colchones antiescaras

Los cambios posturales y la higiene se complementan con superficies especiales que redistribuyen el peso. Existen distintos materiales, cada uno con sus ventajas:

  • Aire: los sistemas de aire, y en concreto los de celdas alternantes con motor, van inflando y desinflando secciones para que la presión cambie de zona de forma automática. Suelen usarse en riesgo alto.
  • Viscoelástica (espuma de memoria): se amolda al cuerpo y reparte el peso de forma estable. Es cómoda y silenciosa, adecuada para riesgo bajo o medio.
  • Gel: ofrece una superficie estable y fresca que distribuye bien la presión, muy valorada en cojines para personas que pasan muchas horas sentadas.

La elección depende del nivel de riesgo, del tiempo de uso y de la comodidad de cada persona; en caso de duda, es recomendable consultar con el equipo sanitario o de terapia ocupacional. Si buscas opciones para sentarse, puedes revisar nuestra selección de mejores cojines antiescaras. Para la cama, tienes comparativas de colchones antiescaras y de protectores de colchón que ayudan a mantener la superficie seca.

Comparativa rápida por tipo de superficie

Tipo Para qué nivel de riesgo Comodidad y características
Aire (celdas alternantes) Riesgo medio-alto; personas muy encamadas. Redistribuye la presión de forma dinámica; requiere motor y algo de mantenimiento; puede hacer ruido leve.
Viscoelástica Riesgo bajo-medio. Se amolda al cuerpo, estable y silenciosa; retiene más calor.
Gel Riesgo bajo-medio; muchas horas sentado. Superficie estable y fresca, buena distribución; suele pesar algo más.

Es habitual combinar soluciones: por ejemplo, un colchón adecuado para la cama y un buen cojín para las horas en silla.

Alimentación e hidratación

El estado nutricional influye directamente en la salud de la piel y en su capacidad de resistir la presión. Una alimentación pobre o una deshidratación hacen que la piel sea más frágil y que cualquier lesión tarde más en curar. Como orientación general:

  • Mantener una dieta equilibrada, con suficiente aporte de proteínas, frutas y verduras.
  • Asegurar una buena hidratación a lo largo del día, salvo indicación médica de restricción de líquidos.
  • Vigilar la pérdida de peso o de apetito, que pueden indicar riesgo de desnutrición.

Si la persona tiene enfermedades que condicionan su dieta (diabetes, insuficiencia renal, problemas de deglución, etc.), lo prudente es que las pautas de alimentación e hidratación las supervise un profesional sanitario.

Aviso importante: ante una úlcera por presión ya formada, una herida abierta, o signos de alarma como piel rota, ampollas, mal olor, secreción, fiebre o dolor intenso, acude a un profesional sanitario (médico o enfermería). Este contenido tiene una finalidad preventiva e informativa y no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento médico.

Preguntas frecuentes

¿Cada cuánto hay que cambiar de postura para prevenir escaras?

Como orientación general, en personas encamadas suele recomendarse un cambio postural aproximadamente cada 2-3 horas, y con más frecuencia si la persona está sentada. La pauta exacta debe adaptarse a cada caso y, en situaciones de riesgo, conviene consultarla con el equipo sanitario.

¿Sirve masajear las zonas enrojecidas?

No se aconseja masajear con fuerza las prominencias óseas ni las zonas ya enrojecidas, porque puede dañar aún más un tejido que ya está sufriendo. Es preferible aliviar la presión de esa zona, hidratar suavemente la piel y vigilar su evolución.

¿Un cojín o colchón antiescaras evita por completo las úlceras?

No por sí solo. Las superficies de alivio de presión son una gran ayuda, pero forman parte de un conjunto de medidas que incluye los cambios posturales, la higiene, el cuidado de la piel y la nutrición. Ningún producto sustituye a estos cuidados diarios.

¿Qué señales indican que debo acudir a un profesional?

Un enrojecimiento que no desaparece al retirar la presión, piel rota o con ampollas, hinchazón, calor, dolor, secreción o mal olor son motivos para consultar. Ante cualquier lesión ya formada o duda, lo prudente es acudir a enfermería o al médico.

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